Hay días en los que intento recordar el momento justo en que las murallas indiferentes de mi mirada sucumbieron ante la pírica lluvia de tus ojos, el día que inútilmente empecé a hurgar en esa chispeante oscuridad. Está de más decir que no tengo idea. Sólo sé que esta reducción a cenizas que dejas cada día al partir se une a la legión de demonios que avanzan siguiendo el crepúsculo y que sardónicos danzan sobre la tumba de mis viejas derrotas. La custodia de tu corazón es demasiado real, con su práctica armadura de una sola pieza, sin remaches ni comisuras por dónde empezar a susurrar estas malditas ganas.
lunes, 5 de abril de 2010
Juglaresca
Hay días en los que intento recordar el momento justo en que las murallas indiferentes de mi mirada sucumbieron ante la pírica lluvia de tus ojos, el día que inútilmente empecé a hurgar en esa chispeante oscuridad. Está de más decir que no tengo idea. Sólo sé que esta reducción a cenizas que dejas cada día al partir se une a la legión de demonios que avanzan siguiendo el crepúsculo y que sardónicos danzan sobre la tumba de mis viejas derrotas. La custodia de tu corazón es demasiado real, con su práctica armadura de una sola pieza, sin remaches ni comisuras por dónde empezar a susurrar estas malditas ganas.
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