¿Y qué coño quieres que haga?
Definitivamente jamás sonreiré cuando te marches satisfecha hacia tu guarida, ni cuando tu titánica sonrisa taladre las injustas despedidas, mucho menos cuando el sometimiento te venza y todas tus ganas se vean amansadas; y sobre todo, cuando todas las señales te conduzcan al entierro de esos sueños tartamudos.
¿Cuantas veces tienes que abrir y cerrar, y volver a comprobar la impecable imperfección de tus cabellos?
Tan sólo para comprobar que podemos burlarnos justo en la cara de los vientos y de los lunares que se agolpan en tus deliciosos rincones.
Todas las respuestas las tienes tú en tus ojos, aún cuando jamás las hayas confrontado, aún cuando jamás las hayas tragado y regurgitado al lado de tu almohada.
Todas las respuestas se encuentran en el cruce de tu mirada con la mía.