miércoles, 21 de septiembre de 2011

Hubo un tiempo en que existía un tipo "jodido y radiante" (yo) porque había encontrado a una mujer "real y compleja" (tu) en tiempos de verdadera sequía de alegrías. Esto al parecer es un Réquiem por ese tipo que ahora cada día está más jodido por la realidad que dolorosamente se desvela ante sus ojos.

Te voy a contar como fui descubriendo a una mujer escandalosamente especial que un día se me metió entre los ojos cuando me encontraba solo fumando un cigarro en el estacionamiento de Santa Mónica. Como casi siempre pasa en estos asuntos, rapidamente pasaste de ser solo alguien interesante a una ilusión tangible, pero con un cartel así en letras grandes y rojas que decía: Ocupada.

Hoy en retrospectiva temo aceptar que desde un principio me ilusioné estupidamente con la idea de tener algo contigo, que desde un principio lei muy mal las entrelineas de tu maravillosa forma de ser, de tu aparente interés por lo mio, de tu chispeante mirada, del constante y desenfadado contacto de tus manos, de tus elogios hacía mi, de la confianza en contarme tus cosas y la atención con la que escuchabas las mias, en fin... por el famoso (y mentiroso) clic que hacen dos personas que como dictan tantas novelas y películas tenían altas posibilidades de amarse.

Yo sé que fui el estúpido que dejo crecer esa ilusión sin ninguna reserva, reconozco tambien cierta inocencia de mi parte en creer aquello que me contaste en un principio de conocernos, que no creías amar a quien estaba a tu lado. Además de un tonto delirio de grandeza de creer que yo podría hacerte sentir realmente amada y obvio, que me amaras tambien.

Fuiste llenándome poco a poco de alegrías, me hiciste brillar como no tienes una idea y te encontré radiante tambien en mi compañia