Te dejo con tu índice asesino de horrores
Te dejo con tu mirada ilusionista de insomnes
Te dejo los cumplidos que prometían lunas
Te dejo una luz apagada que no sueñe con despertarte
Te dejo un collar que no aulle al pie de tus ventanas
Te dejo sola, comandante de insurgentes miradas
Te dejo con los ecos de mis voces inaudibles
Te dejo con una mueca, otrora sonrisa genuina
Te dejo las palabras difíciles de las poesías
Te dejo las cenizas que a bocanadas tallaste
Te dejo sola, con tu risa llenando vacíos
Te dejo con un genio que concreta realidades
Te dejo algunas palabras sin aristas que lastimen
Te dejo los elementos de la dichosa alquimia
Te dejo sin sugerencias para las quejas fraticidas
Te dejo sin la locura que adoró tu insana cordura
Te dejo sola, con la desmemoria de lo que fácil se olvida
Te dejo los retablos que sostuvieron tu figura
Te dejo un beso asentado en el fondo de un buen vino
Te dejo las amarras de una pasión naufragante
Te dejo con las llaves de una cárcel sin prisioneros
Te dejo sola, con el fuego extinto de un ritual libre de sangre
Te dejo algunos secretos sin boca, cubiertos bajo tus pies
Te dejo sin el Mithril que ilusamente pensó cubrir tu armadura
Te dejo sin respuestas para tus indiferentes dudas
Te dejo las líneas rectas de mis laberintos
Te dejo la paciencia que aguardó mil horas bajo dos soles
Te dejo sola, abrigando tus guaridas
Te dejo la obviedad de todos los misterios
Te dejo los bostezos de una película muda
Te dejo sin metáforas de flores de Pensamiento deshojadas
Te dejo con algunos perdones esclavos de todas tus gracias
Te dejo con lo cursi de las canciones de Leonard Cohen
Te dejo sola, con tu abigarrada compañia
Te dejo el mal gusto de un cariño sin labios
Te dejo el gran espejo que te admiraba con celo
Te dejo un sin embargo que se desangra sin quejarse
Te dejo el alcohol que purifique tus manos
Te dejo los puntos suspensivos de mis dedos
Te dejo sola, con tus brazos arrullándote
Te dejo un caballo sin jinete que lo mande
Te dejo un olvido esperando a un mañana que pasó ayer
Te dejo en la planicie de un planeta fascinante
Te dejo sin las flamas que iluminaron la nada
Te dejo sin esta falacia porque en realidad jamás pude hallarte
Te dejo sola, con tus cabellos libres de los vientos de mis manos
Te dejo mis huellas con que midas que no cruce mas a tus orillas
Te dejo los silencios que te susurren: acá no pasa más nada
Te dejo sin olvidar, así tal vez por fin sea punto y aparte
Te dejo con las prosas más simples para que no te amenacen
Te dejo de pie y sin heridas, diciéndote... que suerte fué encontrarte