Y así un 2 de noviembre, de pronto y sin previo aviso, parece que me he curado de ti. Que al final tantos cadaveres arrojados a la torre del silencio han desaparecido presos de los buitres, el sol y el viento. Hoy que se celebra a la muerte, temo decir que aquél abrazo que te di en la tarde fue totalmente puro y que al tocarte no sentí nada más, fuiste tiernamente impecable en desahuciar mi deseo (obvia referencia al master Benedetti). Supongo que todo el tiempo intuiste todo esto o que sentías mi vibrar cuando te tocaba. Diste los suficientes golpes a las raíces de este amor, los necesarios para no caer en la crueldad. En fin, hoy es un día raro y de verdad no quisiera dejar de beber de los sueños que producías hasta hace una semana, tal vez llegue el día en que pueda darte un beso en los labios sin desear nada más, aunque le rezo a mis aves que esto jamás suceda. Ya veremos en que va decantando esta agonía anunciada.
Gracias por existir.
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